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Abstract: Although conservation biologists base most of their activities on species taxa, they have participated little in the debate of systematists and evolutionary biologists about the recognition and nature of species. It is clear from this debate that there is no agreement on what species are, how they should be delimited, or what they represent. But in conservation science, and particularly in the selection, design and management of protected areas, species are either treated as types or as evolutionary units. A typological view of species may lead to a failure to protect the real diversity of life in the long term, if conservation priorities are set on the basis of species numbers or on circumscriptions of endangered, threatened, or endemic species taxa that result from the use of different species concepts. Considering species as typological entities may also lead workers to disregard geographic variation and to neglect the problem of deciding which level of variability to protect. It may even affect the goal of maintaining the evolutionary potential of organisms, if the focus is placed on the preservation of a sample of the existing types in populations that will persist as little changed as possible. When species are considered as evolutionary units, attention is shifted from the level of species to that of populations and metapopulations. Problems may still arise if these populations are considered in the context of species taxa, particularly if their composition is managed or if indicator species are used. A closer interaction between systematists and conservation biologists is suggested. Although the pressures of time and the difficulties faced by conservation biologists cannot be denied, considering the species problem more critically may result in recognizing the limitations of the taxonomic information used; it may also contribute to the refinement of the concepts and methods involved in their activities, making them more congruent with the nature of biological diversity.

Resumen: A pesar de que los biólogos de la conservación basan gran parte de sus actividades en taxa al nivel de especie su participación en la discusión de sistemáticos y evolucionistas sobre el reconocimiento y naturaleza de las especies ha sido limitada. Este debate ha puesto en evidencia que existe total desacuerdo sobre qué son las especies, cómo deben delimitarse y qué representan. Sin embargo, en biología de la conservación y, en particular, en la selección, diseño y manejo de áreas protegidas, las especies son consideradas como tipos o como unidades evolutivas. Un enfoque tipológico de las especies puede implicar que no se logre proteger la diversidad biológica en el largo plazo, si las prioridades de conservación se establecen a partir de números de especies, o de especies en peligro, amenazadas o endémicas, cuya delimitación resulte del uso de diferentes conceptos de especie. Considerar a las especies como entidades tipológicas también puede llevar a que se ignore la variación geográfica y a que no se enfrente el problema de decidir el nivel de variabilidad a proteger. Puede aún afectar el objetivo de mantener el potencial evolutivo de los organismos protegidos, en la medida en que la conservación se centre en preservar una muestra de los tipos existentes en poblaciones que persistan con un mínimo de cambio. Cuando las especies son consideradas como unidades evolutivas, el foco de atención se desplaza del nivel de especies al de poblaciones y metapoblaciones. Pero aún pueden presentarse problemas, si las poblaciones se consideran en el contexto de especies taxonómicas y, en particular si se maneja su composición, o se utilizan especies indicadoras. Por lo tanto, se recomienda una mavor interacción entre sistemáticos y biólogos de la conservación. Aunque la presión del tiempo y las dificultades que enfrentan los biólogos de la conservación son innegables, el considerar el problema de las especies de una forma más crítica puede resultar en el reconocimiento de las limitaciones de la información taxonómica empleada. Igualmente, puede contribuir al refinamiento de los conceptos y métodos utilizados en sus actividades, para hacerlos más acordes con la naturaleza de la diversidad biológica.