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Lyme disease is a tick-borne illness that is widespread in North America, especially in the northeastern and northcentral United States. This disease could negatively influence efforts to conserve natural populations in two ways: (1) the disease could directly affect wild animal health; and (2) tick control efforts could adversely affect natural populations and communities. Lyme disease affects several domestic animals, but symptoms have been reported in only a few wild species. Direct effects of Lyme disease on wild animal populations have not been reported, but the disease should be considered as a possible cause in cases of unexplained population declines in endemic areas. Methods available to manage ticks and Lyme disease include human self-protection techniques, manipulation of habitats and host species populations, biological control, and pesticide applications. The diversity of available techniques allows selection of approaches to minimize environmental effects by (1) emphasizing personal protection techniques, (2) carefully targeting management efforts to maximize efficiency, and (3) integrating environmentally benign techniques to improve management while avoiding broad-scale environmentally destructive approaches. The environmental effects of Lyme disease depend, to a large extent, on the methods chosen to minimize human exposure to infected ticks. Conservation biologists can help design tick management programs that effectively lower the incidence of human Lyme disease while simultaneously minimizing negative effects on natural populations.

El mal de “Lyme” es una enfermedad producida por una garrapata y posee una amplia distribución en el noreste y centro-norte de los Estados Unidos. Esta enfermedad podría afectar negativamente en dos formas distintas a los esfuerzos para conservar poblaciones naturales: 1) la enfermedad podría afectar directamente la salud de animales salvajes y 2) los esfuerzos para controlar las garrapatas podrían afectar adversamente a las poblaciones y comunidades naturales. El mal de “Lyme” afecta a varios animales domésticos, pero sus síntomas han sido reportados en solo unas pocas especies salvajes. No se han reportado efectos directos de la enfermedad de “Lyme” en poblaciones salvajes de animales, pero la enfermedad debería ser considerada como posible causa en los casos de declinaciones poblacionales no explicadas en áreas endémicas. Los métodos disponibles para controlar las garrapatas y el mal de “Lyme” incluyen las técnicas de protección en humanos, la manipulación de los hábitats y poblaciones de especies portadoras, el control biológico y la aplicación de pesticidas. La diversidad de las técnicas disponibles permite la selección de estrategias para minimizar los efectos ambientales 1) enfatizando las técnicas de protección personal, 2) apuntando cuidadosamente a esfuerzos de manejo para maximizar la eficiencia, y 3) integrando técnicas ambientalmente benignas para mejorar el manejo y al mismo tiempo evitar estrategias ambientalmente destructivas a gran escala. Los efectos ambientales del mal de “Lyme” dependen en gran medida, de los métodos elegidos para minimizar la exposición humana a las garrapatas infectadas. Los biólogos conservacionistas podrían ayudar a diseñar programas de manejo de garrapatas que disminuyan efectivamente la incidencia del mal de “Lyme” en humanos y al mismo tiempo minimicen los efectos negativos en las poblaciones naturales.