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Since the turn of this century, prairie dog populations have declined as much as 98% throughout North America, largely as a result of prairie dog eradication programs. The prairie dog is a keystone species that plays an important role in maintaining the biotic integrity of the western grasslands that stretch from southern Canada to northern Mexico. The fragmentation of prairie dog distribution has degraded diversity on those prairies, and several species depending on prairie dogs have achieved listing status under the Endangered Species Act. We propose that managing the praire dog would provide an effective avenue from single-species management to management of a system. Because prairie dogs have declined so profoundly, some form of legal protection will be required. In addition, protected areas can preserve habitat and integrate ecologically sound agricultural opportunities. Positive incentives for ranchers to manage in the interests of both livestock and wildlife will enhance the attitude change necessary for grassland conservation. These management options hinge critically on an end to U.S. government subsidies for prairie dog eradication programs. The subsidies are financially and ecologically unsound, and they only contribute to the prevailing misconceptions about the role of the prairie dog on the grasslands.

Desde el comienzo de este siglo, los perros de las praderas han declinado hasta en un 98% a lo largo de América del Norte, principalmente como resultado de los programas de erradicación. El perro de las praderas es una especie clave que juega un rol importante en el mantenimiento de la integridad biótica de las praderas del oeste que se extienden desde el sur de Canada hasta el norte de México. La fragmentación de la distribución del perro de las praderas ha degradado la diversidad de esas praderas, y varias especies que dependen de los perros de las praderas han alcanzado el estatus para ser listadas bajo el Acta de Especies en Peligro. Nosotros proponemos que el manejo del perro de las parderas sería un medio efectivo para pasar de un manejo de especies particulares al manejo de un sistema. Dado que el perro de las praderas ha declinado en forma tan profunda, se necesitará algún tipo de protección legal En forma adicional, las áreas protegidas pueden preservar el hábitat e integrar oportunidades agrícolas buenas desde un punto de vista ecológico. Incentivos positivos para los rancheros que manejan sus campos tratando de favorecer tanto el ganado como la vida salvaje mejorarán el cambio de actitud necesario para la conservación de las praderas. Estas opciones de manejo dependen en forma crítica del fin de los subsidios del gobierno de EEUU para los programas de erradicación de los perros de las praderas. El subsidio es financiera y ecológicamente insano y sólo contribuye al mantenimiento de las ideas erróneas que prevalecen acerca del rol de los perros de las praderas en las praderas.