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Large carnivores evolved behaviors and life-history traits that conferred resilience to environmental disturbances at various temporal and spatial scales. We synthesize empirical information for each large carnivore species in the Rocky Mountains regarding three basic mechanisms of resilience at different hierarchical levels: (1) behavioral plasticity in foraging behavior that ameliorates flux in food availability, (2) demographic compensation that mitigates increased exploitation, and (3) dispersal that provides functional connectivity among fragmented populations. With their high annual productivity and dispersal capabilities, wolves (Canis lupus) possess resiliency to modest levels of human disturbance of habitat and populations. Cougars (Puma concolor) appear to have slightly less resiliency because of more specific requirements for stalking habitat and lower biennial productivity. Grizzly bears (Ursus arctos horribilis) possess much less resiliency because of their need for quality forage in spring and fall, their low triennial productivity, and the strong philopatry of female offspring to maternal home ranges. Based upon limited information, wolverines (Gulo gulo) appear more susceptible to natural fluctuations in scavenging opportunities and may have lower lifetime productivity than even grizzly bears. By accelerating the rate and expanding the scope of disturbance, humans have undermined the resiliency mechanisms of large carnivores and have caused widespread declines. Both the resiliency profiles and the historical record attest to the need for some form of refugia for large carnivores. With their productivity and dispersal capability, wolves and cougars might respond adequately to refugia that are well distributed in several units across the landscape at distances scaled to successful dispersal (e.g., less than five home range diameters). With their lower productivity and dispersal capability, grizzly bears and wolverines might fare better in a landscape dominated by larger or more contiguous refugia. Refugia must encompass the full array of seasonal habitats needed by large carnivores and should be connected to other refugia through landscape linkages.

La evolución del comportamiento y de características de la historia natural de los carnívoros mayores les ha conferido resistencia a perturbaciones ambientales en varias escalas temporales y espaciales. En este trabajo sintetizamos información empirica sobre cada especie de carnívoro mayor en las Montañas Rocallosas en relación con tres mecanismos básicos de resistencia en distintos niveles jerárquicos: (1) plasticidad conductual en la conducta del forrajeo que mejora el flujo de disponibilidad de alimento, (2) compensación demográfica que atenúa el incremento de la explotación y (3) dispersión que proporciona conectividad funcional a las poblaciones fragmentadas. Los lobos (Canis lupus) son resistentes a niveles moderados de perturbación humana de su hábitat y poblaciones debido a su elevada productividad anual y sus capacidades de dispersión Los pumas (Puma concolor) aparentan ser ligeramente menos resistentes debido a que tienen requerimientos de hábitat para acechar y una productividad bianual menor. Los osos pardos (Ursus arctos horribilis) son mucho menos resistentes debido a su necesidad de forraje de calidad en la primavera y el otoño, su baja productividad trianual y la marcada filopatria de las hembras de la progenie por los rangos de hogar materno. Con base en información limitada, los carcayús (Gulo gulo) son aparentemente más susceptible a las fluctuaciones naturales en las oportunidades de búsqueda de alimento y podrían tener una productividad a lo largo de su vida aún menor a la de los osos pardos (Ursus arctos horribilis). Los humanos han minado los mecanismos de resistencia de los carnívoros mayores y provocado su declinación al acelerar y expandir el alcance de las perturbaciones. Tanto los perfiles de resistencia, como el registro histórico dan testimonio de la necesidad de establecer algún tipo de refugios para carnívoros mayores. Por su productividad y capacidad de dispersión, los lobos y pumas pueden responder adecuadamente en refugios bien distribuidos en varias unidades a lo largo del paisaje, espaciados para una dispersión exitosa (e.g. 5 diámetros del rango de hogar). Debido a su menor productividad y capacidad de dispersión, los osos pardos y los carcayús podrían estar mejor en un paisaje dominado por refugios más grandes o contiguos. Los refugios deben abarcar toda la serie de hábitats estacionales que requieran los carnívoros mayores y deben estar conectados con otros refugios mediante corredores en el paisaje.