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The widespread claim that wolf populations can withstand 25–50% or greater annual reductions without major biological consequences is based primarily on the observation that populations often maintain their size from year to year as harvest or control continues or recover within a few years afterward. This emphasis on numerical status overlooks the likelihood of major, lingering impacts on the size, number, stability, and persistence of family-group social units, on reproductive, hunting, and territorial behavior, on the role of learning and related traditions, on within- and between-group patterns of genetic variation, and on overall mortality rates. The tendency of biologists and agencies in northern North America to promote wolf harvests that are four to eight times greater than ungulate harvests, in accord with the wolf versus ungulate difference in reproductive rates but contradictory to a broad array of differences in social organization and related behavior, is reason enough to question the logic of this prevailing management view. True sustained-yield management requires more emphasis on qualitative biological features to determine the extent to which wolves and other species with evolutionary histories as predators rather than as prey should be harvested. Most recent government-sponsored wolf control programs and proposals, including sterilization, relocation, and “redirected” killing, have been based on questionable claims about ungulate or livestock problems and have not adequately considered potential biological costs (especially to the target wolf populations), benefits, or management alternatives. The high sentience of wolves justifies overlapping biological-ethical concerns about such programs and especially about the heavy, indiscriminate, deceptively reported public hunting and trapping of wolves that is currently permitted throughout most of Alaska (U.S.A.)—including in national parks—and elsewhere.

La afirmación de que las poblaciones de lobos pueden soportar reducciones de 25–50% o más sin consecuencias biológicas mayores se basa principalmente en la observaci n de que las poblaciones bajo explotación o control a menudo mantienen su tamaño año o se recuperan pocos años después. El énfasis en el estatus numérico pasa por alto la posibilidad de impactos mayores sobre el tamaño, el número y la estabilidad de unidades sociales; sobre la conducta reproductiva, de cacería y territorial; sobre el papel del aprendizaje y tradiciones relacionadas; sobre los patrones de variación genética inter e intra grupales y sobre las tasas de mortalidad en general. La tendencia de biólogos y agencias en el norte de Norte América de promover sacrificios de Iobos 4–8 veces más altas que de ungulados, de acuerdo con las diferencias de tasa reproductivas pero en contradicción con la alta gama de diferencias en organización social y conducta relacionada, es motivo suficiente para cuestionar la lógica de ésta visión prevaleciente de manejo, el verdadero manejo sustentable requiere de mayor énfasis en características biológicas para determinar el grado en que el lobo y otras especies, con historias evolutivas como depredadores y no presas, deben ser cosechados. Los programas y propuestas gubernamentales mas recientes para el control del lobo, incluyendo esterilización, relocación y muerte “redirigida” se han basado en afirmaciones cuestionables acerca de problemas con ungulados o ganado y no han considerado adecuadamente los potenciales costos biológicos (especialmente para las poblaciones de lobos), ni los beneficios o alternativas de manajo. La gran sensibilldad de los lobos justifica el translape de preocupaciones biológico-éticas acerca de tales programas especialmente acerca de la intensa, indiscrimiinada y engañosamente reportada cacería y trampeo de lobos que actualmente se permite en casi todo Alaska (EUA), incluyendo parques nacionales y otras regiones.