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Cross-boundary management issues concerning the spatial requirements of large predators and the inadequate size of protected areas are exemplified by the movements of gray wolf (Canis lupus) in and out of Algonquin Park, Canada. From 1987 to 1993, 65 juvenile and adult wolves from 22 packs inside Algonquin were radio-tagged and regularly monitored by aerial and ground telemetry. Of the 41 wolves that died during the 6-year study, mortality caused by humans was the highest single source, at 56%. Most mortality (68%) occurred outside the park, of which almost half (48%) was related to the seasonal movements by wolves out of the park in response to migrating white-tailed deer (Odocoileus virginianus). In 1993 the provincial government banned the killing of wolves in a 200-km2 deer wintering area adjacent to the park. The ban was considered necessary because (1) a high proportion (82%) of packs from the eastern half of the park was traveling to the deer area; (2) outside the park killing of wolves by hunting or trapping was uncontrolled; and (3) much of the mortality comprised adult, non-dispersing wolves. Public response to the ban was hostile initially, but apart from some flagrant violations the protective measures appear to have been successful. Only 2 radio-collared wolves were killed in 1993 and 1994 combined, compared with 10 in 1992 alone. Controversy over management decisions led us to conclude that cross-boundary problems associated with this controversial species necessitate complete, partial, or emergency protection. Complete protection requires protection beyond the existing park boundary, either through buffer zones or increased regulation. Partial and emergency protection strategies rely on effective monitoring, an important factor if public cooperation is limited. At Algonquin the magnitude of wolf killing, the importance of the wolf in interpretive programs, and the difficulties in regulating partial protection because of unreported kills and damage to radio collars makes complete protection the prudent choice.

Fuera de los límites de un área protegida los problemas de manejo relacionados con los requrimientos espaciales de depredadores mayores y el tamaño inadecuado de áreas protegidas se ejemplifican con los movimientos del lobo gris (Canis lupus) hacia fuera y dentro del Parque Algonquin, Canadá. Entre 1987 y 1993 sesenta y cinco lobos juveniles y adultos de 22 manadas de interior del parque fueron marcados con radiotransmisores y monitoreados periódicamente por telemetría aérea y terrestre. De los 41 lobos que murieron durante el estudio de seis años la causa más alta (56%) estuvo relacionada con humanos. La mayor mortalidad (68%) ocurrió fuera del parque, de las cuales cam la mitad (48%) estuvo relacionada con los movimientos estacionales de los lobos en respuesta a la migración de venado cola blanca (Odocoileus virginianus). En 1983 la cacería de lobos fue prohibida por el gobierno local en un área de invernación de 200 km2 adyacente al parque. Se consideró que la veda era necesaria porque: 1) una alta proporción (82%) de manadas de la parte oriental del parque se trasladaban al área de venados; 2) la matanza de lobos a tiros y con trampas era incontrolada fuera del parque y 3) muchos de los lobos muertos eran adultos no dispersantes. La respuesta del público fue inicialmente hostil pero, a excepción de unas violaciones flagrantes, parece que las medidas protectoras han tenido éxito. En 1993 y 1994 solo dos lobos con transmisores fueron matados en comparación con diez en 1992. La controversia sobre decisiones de manejo nos llevó a concluir que los problemas trans-limitacionales asociados con esta controvertida especie requieren de protección completa, parcial o de emergencia. La primera requiere de protección más allá de los límites del parque, ya sea con zonas de amortiguamiento o mayor regulación. Las estrategias de protección parcial y de emergencia se basan en el monitoreo efectivo, que es un factor importante si la cooperación del público es limitada. La elección prudente en Algonquin es la protección completa debido a la magnitud de la matanza de lobos, la importancia de la especie en programas de interpretación y las dificultades para regular la protección parcial debido a muertes no reportadas y daños a los collares radiotransmisores.