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Large numbers of sea otters (  Enhydra lutris) died following the 1989 Exxon Valdez oil spill. Two previous studies estimated spill-related mortality, one from the difference between counts of otters before and after the spill, and the other from the recovery rate of tagged carcasses that had been released at sea. I used a derivative of the second approach, but revised it to account for (1) moribund otters that had hauled out on shore; (2) carcasses that were collected at sea; and (3) differences in search effort in different areas of the spill—considerations that were not addressed previously. The mortality estimation procedure presented here, and applied to Prince William Sound, Alaska, had six input parameters, two with fixed values (the number of spill-related carcasses collected [391] and the number of otters taken alive that died in captivity [84]) and four that were assigned a range of values (the recovery rate for carcasses on the beach [60–90%], the proportion of recovered carcasses that were onshore [70–95%]), the proportion of offshore deaths recovered onshore (20–50%), and the proportion of moribund otters that hauled out (20–60%). Empirical estimates for these parameters were not available after the spill, but a range of plausible values for each was delimited using other available data. Randomly-selected combinations of values within these ranges produced mortality estimates for the sound ( x¯= 750, 5–95% quantiles ≈ 600–1000) that were lower than indicated by previous studies. These lower estimates do not diminish the tragic nature of the mortality, but instead highlight the significance of both the process and informational basis in producing estimates of catastrophic loss. Estimates of loss based on faulty or inadequate data may mislead investigations of population recovery and may jeopardize public trust in scientific assessments of future catastrophes.

Grandes números de nutrias marinas (Enhydra lutris) murieron en 1989 después del derrame de petróleo del Exxon Valdez. Dos estudios previos estimaron la mortalidad relacionada con el derrame, uno se basó en la diferencia entre conteos de nutrias antes y después del derrame y el otro en la tasa de recuperación de cuerpos marcados que habían sido leberados en el mar. Utilicé una derivación del segundo enfoque, pero lo revisé para incluir (1) nutrias moribundas encontradas en la costa, (2) cuerpos colectados en el mar y (3) diferencias en al esfuerzo de búsqueda en diferentes áreas del derrame, consideraciones que previamente no habían sido incluidas. El procedimiento de estimación de la mortalidad aquí presentado, y aplicado a la Sonda Prince William, Alaska, tenía seis parámetros de entrada, dos con valores fijos (el número de cuerpos colectadas relacionados con el derrame [391], y el número de nutrias encontradas vivas y que murieron en cautiverio [84]) y cuatro a los que se les asignó un rango de valores: la tasa de recuperación de cuerpos en la costa (60–90%), la proporción de cuerpos recuperados en la costa (70–95%), la proporción de muertos mar adentro y recogidos en la costa (20–50%) y la proporcion de nutrias moribundas que salieron por si nismas (20–60%). Después del derrame no había disponibilidad de estimaciones eimpíricas para estos parámetros, pero se delimitó un rango de valores plausibles para cada caso utilizando otros datos disponibles. Combinaciones de esos valores seleccionadas al azar produjeron estimaciones de mortalidad en la sonda (x¯ = 750, 5–95% cuantiles ≈ 600–1000) menores a las indicadas por estudios previos. Esta estimaciones menores no disminuyen la naturaleza trágica de la mortalidad, sino que remarcan la significancia tanto del proceso como de la base de información para la estimación de pérdidas catastróficas. Las estimaciones de pérdidas basadas en datos erróneos o inadecuados puede desencaminar investigaciones de recuperación de poblaciones y puede comprometer la confianza del público en evaluaciones cientificas de catástrofes futuras.