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Abstract: Despite recent advances in the identification of genetic population structure through molecular-marker technology, the definition of intraspecific units for conservation remains problematic, particularly when genetic or phenotypic variation is continuously distributed in geographic space. We show that spatial autocorrelation analysis, applied to phenotypic or molecular data, can be used to describe the geographic structure and therefore can help define optimum strategies for conserving genetic variability within species. We propose that the intercept of a spatial correlogram can be an indication of the minimum distance between samples that can conserve and assess genetic diversity with maximum efficiency at lower costs. This parameter can be used both to define units and to establish sampling strategies for conservation programs. We illustrate the utility of this approach by autocorrelation analyses applied to three data sets: isozyme variability among Eugenia dysenterica populations in Brazilian Cerrado and within populations of Adenophora glandiflora in Korea, and microsatellite variation among Ursus arctos populations in North America. Our results suggest that the intercept of spatial correlograms is a useful parameter for establishing operational units for intraspecific conservation in continuous populations, based on overall genetic or phenotypic variability, by defining the minimum geographic distance at which samples are independent.

Resumen: A pesar de los avances recientes en la identificación de la estructura genética poblacional mediante la tecnología de marcadores moleculares, la definición de las unidades intraespecíficas para la conservación es aún problemática. Esto sucede particularmente cuando la variación genética y fenotípica se encuentra distribuida de manera continua en un espacio geográfico. Demostramos que el análisis de autocorrelación espacial, aplicado a los datos fenotípicos o moleculares puede ser usado para describir la estructura geográfica y, por lo tanto, puede ayudar a definir estrategias óptimas para la conservación de la variabilidad genética en las especies. Proponemos que el intercepto de un correlograma espacial puede ser un indicador de la distancia mínima entre muestras que pueden conservar y evaluar la diversidad genética con mayor eficiencia a un costo más bajo. Este parámetro puede ser usado tanto para definir unidades como para establecer estrategias de muestreo para los programas de conservación. Ejemplificamos la utilidad de este método mediante la aplicación de análisis de autocorrelación a tres grupos de datos: variabilidad de isozomas entre poblaciones de Adenophora dysenterica en el cerrado brasileño, dentro de poblaciones de Adenophora glandiflora en Korea y variación microsatélite entre poblaciones de Ursus arctos en América del Norte. Nuestros resultados sugieren que el intercepto de los correlogramas espaciales son un parámetro útil que puede establecer unidades operacionales para conservación intraespecífica en poblaciones continuas, en base a la variabilidad general genética o fenótipica, al definir la distancia geográfica mínima a la cual las muestras son independientes.