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Putting Science in its Place

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Abstract

Abstract: Science and policy are both relevant to managing land. How they fit together is best understood by viewing land management as a process and by beginning the inquiry from and with that process, drawing distinctions between issues of substance and process and between the functions of describing nature and evaluating it normatively. This process-based approach and these two distinctions help isolate and clarify the various proper roles of science in the overall land-management equation. They also clarify (1) when nature can be said to possess intrinsic value; (2) why it is proper for conservation biologists to base their work on normative goals as long as they make it clear what they are doing; and (3) why arguments surrounding ecosystem management, which should focus on competing policy visions, are often diverted into less fruitful arguments about science and process. A process-based approach that employs our distinctions is particularly useful, we argue, in showing why confusion arises so easily when science-based terms such as ecological integrity are used not just for science purposes but as normative land-management goals. Using science terms in this way can strengthen the conservation cause by expanding the influence of scientists, but dangers lurk in the practice, including dangers to the integrity of science as such. On balance, a goal less overtly tied to science—such as land health—offers a better option for land management.

Abstract

Resumen: La ciencia y la política son pertinentes al manejo de la tierra. La manera en que se entrelazan se entiende mejor si se considera manejo de la tierra como un proceso e iniciando la búsqueda desde y con ese proceso, elaborando distinciones entre aspectos de esencia y proceso y entre las funciones de la descripción de la naturaleza y su evaluación normativa. Esta estrategia basada en los procesos y estas dos distinciones ayudan a aislar y aclarar los diferentes papeles adecuados de la ciencia en la ecuación general del manejo de la tierra. Ellos también aclaran (1) el porqué se puede decir que la naturaleza posee valores intrínsecos; (2) el porqué es adecuado para los biólogos de la conservación basar su trabajo en metas normativas siempre y cuando dejen en claro lo que están haciendo; (3) el porqué los argumentos referentesal manejo de ecosistemas, que deberían estar enfocados a las visiones políticas que compiten, frecuentemente son desviados hacia argumentos menos fructíferos sobre la ciencia y los procesos. Nosotros argumentamos que una estrategia basada en los procesos que emplea nuestras distinciones es particularmente útil para mostrar el porqué surgen confusiones tan fácilmente cuando son usados términos basados en la ciencia, como es el caso de integridad ecológica, no solo con propósitos científicos sino como metas normativas de manejo. El uso de términos científicos en esta forma puede fortalecer la causa de la conservación al extender las influencias de los científicos, pero esconde riesgos en la práctica, incluyendo los peligros de la integridad de la ciencia como tal. En balance, una meta menos claramente ligada a la ciencia, como lo es la salud de la tierra ofrece una mejor opción.

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