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Keywords:

  • climate change;
  • carbon emissions;
  • environmental anthropology;
  • Trinidad and Tobago;
  • the Caribbean;
  • islands
  • cambio climático;
  • emisiones de carbono;
  • antropología ambiental;
  • Trinidad y Tobago;
  • El Caribe;
  • islas

ABSTRACT

People change the climate. Ethnography, however, tends to look past these perpetrators and see only victims. In such accounts, parties vulnerable to climate change suffer, adapt, or do both. To varying degrees, their societies are resilient and may soon make themselves more so. These comparatively cheerful keywords overlook an entire moral field of responsibility, complicity, and culpability. High emitters of carbon dioxide bear the bulk of responsibility for the unfolding catastrophe. How do such people interpret and justify their actions? What ethics and mentalities with respect to the environment are high emitters, their firms, and their governments fabricating? In this article, I address these questions in the context of a society both complicit and vulnerable: the petrostate of Trinidad and Tobago. There, an overlapping set of environmental policymakers and environmentally minded industrialists consider Trinidad—including its oil industry—to be only vulnerable. Their “victim slot” relies on cultural constructions of insular geography, performances in diplomatic fora, and planning rubrics for hazards. In each instance, the slot allows Trinidadian institutions and corporations—including oil firms—to skirt accountability for carbon emissions. Nevertheless, some Trinidadian public figures are beginning to reconsider hydrocarbons in ways both painful and humane.

RESUMEN

La gente cambia el clima. La etnografía, sin embargo, tiende a dejar de lado a los responsables y a ver solo las víctimas. En tales explicaciones, los grupos vulnerables al clima sufren y/o se adaptan. A diferentes niveles, sus sociedades son resistentes y pueden pronto serlo aún más. Estas palabras comparativamente alentadoras ignoran un campo moral entero de responsabilidad, complicidad y culpabilidad. Altos emisores de dióxido de carbono cargan con la mayor parte de la responsabilidad por la catástrofe en desarrollo. Cómo este tipo de gente interpreta y justifica sus acciones? Qué ética y mentalidades con respecto al ambiente están fabricando grandes emisores, sus firmas y sus gobiernos? En este artículo abordo estas preguntas en el contexto de una sociedad tanto cómplice como vulnerable: el petro-estado de Trinidad y Tobago. Allí un conjunto de coincidencias entre creadores de políticas ambientales e industriales de mentalidad ambiental consideran a Trinidad—y su industria petrolera—solamente vulnerable. Su “posición de victima” depende de construcciones culturales de geografía insular, presentaciones en foros diplomáticos, y criterios de evaluación de planeación para riesgos. En cada caso, la posición les permite a las figuras públicas de Trinidad y a las corporaciones—incluyendo las empresas petroleras—eludir la responsabilidad por las emisiones de carbono. Sin embargo, algunas figuras públicas de Trinidad están empezando a reconsiderar los hidrocarburos en formas tanto dolorosas como humanas.