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Abstract: Land-reform and environmental movements, revitalized by the democratization of civil society in Brazil in the 1990s, found their objectives in conflict over forested parcels that settlers want for conversion to agriculture but that are important for wildlife conservation. In the Atlantic Forest, where 95% of the forest is gone, we reviewed three cases of Brazilian nongovernmental organization (NGOs) engagement with the land-reform movement with respect to forest remnants neighboring protected areas that have insufficient habitat for the long-term survival of unique endangered species. In the Pontal do Paranapanema (São Paulo), Poço das Antas (Rio de Janeiro), and southern Bahia, environmental NGOs have supported agricultural alternatives that improve livelihood options and provide incentives for habitat conservation planning. Where land-reform groups were better organized, technical cooperation on settlement agriculture permitted the exploration of mutual interests in conciliating the productive landscape with conservation objectives. Processes of regular consultation among NGOs, environmental agencies, and the private sector revealed that there was less zero-sum conflict over the same lands than commonly perceived. In both groups, technicians found forested lands less suitable for small-scale agriculture, and leaders took risks to justify and support claims to alternative existing agricultural lands. Based on the cases we examined, the construction of landscapes with both forest stewardship and poverty-reducing agrarian reform faces continued obstacles from contradictory agrarian and environmental sector policies and inadequate economic incentives for forest stewardship on private lands.

Resumen: La reforma agraria y los movimientos ambientales, revitalizados por la democratización de la sociedad civil brasileña en los 1990s, basan sus objetivos en conflictos sobre parcelas de bosque que los colonos solicitan para conversión a la agricultura pero que son importantes para la conservación de vida silvestre. En el Bosque Atlántico, donde ha desaparecido 95% del bosque, revisamos tres casos de participación de organizaciones no gubernamentales (ONG) en el movimiento de reforma agraria con respecto a remanentes de bosque aledaños a áreas protegidas que tienen insuficiente hábitat para la supervivencia a largo plazo de especies únicas en peligro. En el Pontal de Paranapanema (São Paulo), Poço das Antas (Río de Janeiro) y el sur de Bahía, las ONG ambientales han apoyado alternativas agrícolas que han mejorado las opciones de vida y proporcionado incentivos para la planificación de conservación del hábitat. En los lugares con mejor organización de los grupos de reforma agraria, la cooperación técnica en la agricultura permitió la exploración de intereses mutuos en la conciliación del paisaje productivo con los objetivos de conservación. Los procesos regulares de consulta entre las ONG, las agencias ambientales y el sector privado revelaron que había menor conflicto suma cero sobre las mismas tierras que el percibido comúnmente. En ambos grupos, los técnicos encontraron que las tierras boscosas son poco adecuadas para la agricultura de pequeña escala, y los líderes corrieron riesgos para justificar y apoyar la demanda de tierras agrícolas alternativas. Con base en los casos que examinamos, la construcción de paisajes tanto con bosques administrados como con reformas agrarias para reducir la pobreza enfrenta numerosos obstáculos desde políticas agrarias y ambientales contradictorias hasta incentivos económicos inadecuados para la conservación de bosques en terrenos privados.