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Keywords:

  • Arid grasslands;
  • Bison bison;
  • Chihuahuan Desert;
  • historic distribution;
  • large grazers
  • Bison bison;
  • Desierto Chihuahuense;
  • distribución histórica;
  • herbívoros mayores;
  • pastizales áridos

Abstract: Ecologists and conservationists have long assumed that large grazers, including bison (Bison bison), did not occur in post-Pleistocene southwestern North America. This perception has been influential in framing the debate over conservation and land use in the northern Chihuahuan Desert. The lack of an evolutionary history of large grazers is being used to challenge the validity of ranching as a conservation strategy and to limit the protection and reintroduction of bison as a significant component of desert grassland ecosystems. Archeological records and historical accounts from Mexican archives from AD 700 to the 19th century document that the historic range of the bison included northern Mexico and adjoining areas in the United States. The Janos-Hidalgo bison herd, one of the few free-ranging bison herds in North America, has moved between Chihuahua, Mexico, and New Mexico, United States, since at least the 1920s. The persistence of this cross-border bison herd in Chihuahuan Desert grasslands and shrublands demonstrates that the species can persist in desert landscapes. Additional lines of evidence include the existence of grazing-adapted grasslands and the results of experimental studies that document declines in vegetation density and diversity following the removal of large grazers. The Janos-Hidalgo herd was formed with animals from various sources at the turn of the 19th century. Yet the future of the herd is compromised by differing perceptions of the ecological and evolutionary role of bison in the Desert Grasslands of North America. In Mexico they are considered native and are protected by federal law, whereas in New Mexico, they are considered non-native livestock and therefore lack conservation status or federal protection. Evidence written in Spanish of the presence of bison south of the accepted range and evidence from the disciplines of archaeology and history illustrate how differences in language and academic disciplines, in addition to international boundaries, have acted as barriers in shaping comprehensive approaches to conservation. Bison recovery in the region depends on binational cooperation.

Resumen: Los ecólogos y conservacionistas han supuesto por mucho tiempo que los herbívoros mayores, incluyendo el bisonte (Bison bison), no habitaron en el suroeste de Norte América durante el post Pleistoceno. Esta percepción ha influido en el debate sobre la conservación y uso de suelo en el norte del Desierto Chihuahuense. La falta de una historia evolutiva de herbívoros mayores está siendo usada para desafiar la validez de la ganadería como una estrategia de conservación y para limitar la protección y reintroducción del bisonte como un elemento significativo de los ecosistemas de pastizales áridos. Los registros arqueológicos y los relatos históricos, desde AD 700 hasta el siglo diecinueve, en archivos mexicanos documentan que la distribución histórica del bisonte incluía el norte de México y áreas contiguas en Estados Unidos. La manada de bisontes de Janos-Hidalgo, una de las pocas manadas de bisontes libres en Norte América, se ha movido entre Chihuahua, México y Nuevo México, Estados Unidos, desde los 1920s por lo menos. La persistencia de esta manada transfronteriza de bisontes en los pastizales y matorrales del Desierto C demuestra que la especie puede persistir en paisajes desérticos. Líneas de evidencia adicionales incluyen la existencia de pastizales adaptados al pastoreo y los resultados de estudios experimentales que documentan reducciones de la densidad y diversidad de la vegetación después de la remoción de herbívoros mayores. La manada Janos-Hidalgo se formó a principios del siglo XIX con animales provenientes de varias fuentes. Sin embargo, el futuro de la manada está comprometido por diferentes percepciones del papel ecológico y evolutivo del bisonte en los Pastizales áridos de Norte América. En México, el bisonte es considerado nativo y está protegido por la legislación federal, mientras que en Nuevo México es considerado ganado no nativo y por lo tanto carece de estatus de conservación o de protección federal. La evidencia, escrita en español, de la presencia de bisonte al sur de la distribución aceptada y las evidencias arqueológicas e históricas ilustran que las diferencias de idioma y de disciplinas académicas, además de los límites internacionales, han sido barreras para la definición de métodos integrales de conservación. La recuperación del bisonte en la región depende de la cooperación binacional.