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Keywords:

  • climate change;
  • indicator species;
  • land cover;
  • land use;
  • monitoring and assessment;
  • surrogate species;
  • validation
  • cambio climático;
  • cobertura de suelo;
  • especies indicadoras;
  • especies sustitutas;
  • monitoreo y evaluación;
  • uso de suelo;
  • validación

Abstract: Charismatic groups of animals and plants often are proposed as sentinels of environmental status and trends. Nevertheless, many claims that a certain taxonomic group can provide more-general information on environmental quality are not evaluated critically. To address several of the many definitions of indicator species, we used butterflies to explore in some detail the attributes that affect implementation of indicators generically. There probably are few individual species, or sets of species, that can serve as scientifically valid, cost-effective measures of the status or trend of an environmental phenomenon that is difficult to measure directly. Nevertheless, there are species with distributions, abundances, or demographic characteristics that are responsive to known environmental changes. In this context, single or multiple species can serve as indicators when targets are defined explicitly, ecological relationships between the target and the putative indicators are well understood, and data are sufficient to differentiate between deterministic and stochastic responses. Although these situations exist, they are less common than might be apparent from an extensive and often confounded literature on indicators. Instead, the public appeal of charismatic groups may be driving much of their acclaim as indicators. The same taxon may not be appropriate for marketing a general conservation mission and for drawing strong inference about specific environmental changes. To provide insights into the progress of conservation efforts, it is essential to identify scientific and practical criteria for selection and application of indicators and then to examine whether a given taxonomic group meets those criteria.

Resumen: A menudo, los grupos carismáticos de animales y plantas son propuestos como centinelas del estatus y las tendencias ambientales. Sin embargo, muchas afirmaciones de que un cierto grupo taxonómico puede proporcionar información más general de la calidad ambiental no son evaluadas críticamente. Para abordar varias de las muchas definiciones de especies indicadoras, utilizamos mariposas para explorar en detalle los atributos que afectan la implementación de indicadores genéricamente. Probablemente hay pocas especies individuales, o conjuntos de especies, que pueden servir como medidas, científicamente válidas y rentables, del estatus o la tendencia de un fenómeno ambiental que es difícil de medir directamente. Sin embargo, hay especies con distribuciones, abundancias o características demográficas que responden a cambios ambientales conocidos. En este contexto, especies individuales o múltiples pueden servir como indicadores cuando los blancos son definidos explícitamente, las relaciones ecológicas entre el blanco y los indicadores putativos están bien entendidas y los datos son suficientes para diferenciar entre respuestas determinísticas y estocásticas. Aunque estas situaciones existen, son menos comunes de lo que pudiera parecer en una literatura extensa, y a menudo confusa, sobre indicadores. En su lugar, el reconocimiento público de los grupos carismáticos puede ser la causa de su reconocimiento como indicadores. El mismo taxón puede ser no apropiado para el mercadeo de una misión de conservación general y para inferir sobre cambios ambientales específicos. Para proporcionar una visión del progreso de los esfuerzos de conservación, es esencial identificar criterios científicos y prácticos para la selección y aplicación de indicadores y posteriormente examinar sí un grupo taxonómico determinado cumple con esos criterios.