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Keywords:

  • conservation;
  • endangered species;
  • policy;
  • values
  • conservación;
  • especies en peligro;
  • política;
  • valores

Abstract:  Policy advocacy is an issue regularly debated among conservation scientists. These debates have focused on intentional policy advocacy by scientists, but advocacy can also be unintentional. I define inadvertent policy advocacy as the act of unintentionally expressing personal policy preferences or ethical judgments in a way that is nearly indistinguishable from scientific judgments. A scientist may be well intentioned and intellectually honest but still inadvertently engage in policy advocacy. There are two ways to inadvertently engage in policy advocacy. First, a scientist expresses an opinion that she or he believes is a scientific judgment but it is actually an ethical judgment or personal policy preference. Second, a scientist expresses an opinion that he or she knows is an ethical judgment or personal policy preference but inadvertently fails to effectively communicate the nature of the opinion to policy makers or the public. I illustrate inadvertent advocacy with three examples: recovery criteria in recovery plans for species listed under the U.S. Endangered Species Act, a scientific peer review of a recovery plan for the Northern Spotted Owl (Strix occidentalis caurina), and the International Union for Conservation of Nature's definition of threatened. In each example, scientists expressed ethical judgments or policy preferences, but their value judgments were not identified as such, and, hence, their value judgments were opaque to policy makers and the public. Circumstances suggest their advocacy was inadvertent. I believe conservation scientists must become acutely aware of the line between science and policy and avoid inadvertent policy advocacy because it is professional negligence, erodes trust in scientists and science, and perpetuates an ethical vacuum that undermines the rational political discourse necessary for the evolution of society's values. The principal remedy for inadvertent advocacy is education of conservation scientists in an effort to help them understand how science and values interact to fulfill the mission of conservation science.

Resumen:  La defensa de políticas es un tema debatido regularmente por científicos de la conservación. Estos debates se han centrado en la defensa intencional de políticas por parte de científicos, pero la defensa también puede ser no intencional. Defino la defensa involuntaria como el acto de expresar involuntariamente preferencias políticas o juicios éticos en una manera que es casi indistinguible de juicios científicos. Aunque un científico sea bien intencionado e intelectualmente honesto puede involucrarse involuntariamente en la defensa de políticas. Hay dos formas de involucrarse involuntariamente en la defensa de políticas. Primera, un científico expresa una opinión que el o ella considera como un juicio científico, pero en realidad es un juicio ético o una preferencia política personal. Segunda, un científico expresa una opinión que el o ella sabe que es un juicio ético o una preferencia política personal pero involuntariamente falla en comunicar efectivamente la naturaleza de la opinión a los políticos o al público. Ilustro la defensa involuntaria con tres ejemplos: criterios de recuperación en planes de recuperación para especies enlistadas en el Acta de Especies en Peligro de E. U. A., una revisión por pares científicos de un plan de recuperación para el Búho Manchado Norteño (Strix occidentalis caurina), y la definición de amenazado de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. En cada ejemplo, los científicos expresaron juicios éticos o preferencias políticas, pero sus juicios de valor no fueron identificados como tales, y, por lo tanto, sus juicos de valor fueron opacos para los políticos y el público. Las circunstancias sugieren que su defensa fue involuntaria. Considero que los científicos de la conservación deben estar perfectamente conscientes de la línea entre la ciencia y la política y evitar la defensa política involuntaria porque refleja negligencia profesional, erosiona la confianza en los científicos y la ciencia y perpetúa un vacío ético que socava el discurso político racional necesario para la evolución de los valores de la sociedad. El principal remedio para la defensa involuntaria es la educar a los científicos de la conservación en un esfuerzo para ayudarles a comprender como interactúan la ciencia y los valores para cumplir la misión de la ciencia de la conservación.