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Since Spanish colonial times, Latin America has lived under the shadow of caudillismo. Today, caudillismo takes on a different form. I refer to this new phenomenon as “bicaudillismo”—a state of affairs in which two caudillos control and share extensive political power. Current President Daniel Ortega and former President Arnoldo Alemán spearhead the two largest and most powerful Nicaraguan political parties in caudillo-like fashion, exerting control over their respective parties, as well as over government institutions and individuals. The power held by Alemán and Ortega reached new highs in early 2000. In what Nicaraguans commonly refer to as “the pact,” Alemán and Ortega colluded with one another to back a series of constitutional reforms to the electoral law, resulting in a repartition of judicial, legislative, and electoral power. In this article I argue that, under the pact, Alemán and Ortega share political power in a fashion similar to two that of duopolistic firms in a market situation. Power is channeled through tit-for-tat strategies in which the actors engage in “signaling,” much as duopolistic firms do in a market situation.

Desde la época de la colonia española, América Latina vive bajo la sombra del caudillismo. Hoy, el caudillismo toma una nueva forma. Me refiero a este nuevo fenómeno como “bicaudillismo”—una situación en la que dos caudillos controlan y comparten un extenso poder político. El actual presidente Daniel Ortega y el expresidente Arnoldo Alemán dirigen los dos más grandes y más poderosos partidos políticos en forma caudillista, al ejercer control sobre sus respectivos partidos así como sobre los individuos y otras instituciones gubernamentales. El poder que Alemán y Ortega tienen llegó a nuevos horizontes en el 2000. En lo que los nicaragüenses conocen como “el pacto”, Alemán y Ortega se confabularon para apoyar una serie de reformas constitucionales a la ley electoral, lo que resultó en la repartición de poder judicial, legislativo y electoral. En este artículo argumento que bajo el pacto, Alemán y Ortega comparten el poder político en una forma similar a la de dos empresas duopólicas en una situación de mercado. El poder se canaliza mediante estrategias de represalias mutuas donde los actores participan como emisores de “señales”, parecido a como lo hacen las empresas duopólicas en una situación de mercado.