The Democratic Charter in Action: Reflections on the Honduran Crisis

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Abstract

Although the Organization of American States (OAS) failed to dislodge the de facto Roberto Micheletti government and restore President Manuel Zelaya to power after the coup d'état on June 28, 2009, international efforts to defend democracy in Honduras achieved some important precedents in terms of the use of the Inter-American Democratic Charter (IADC). This article evaluates the application of the IADC during the Honduran crisis. It argues that the IADC's main challenge has to do with how it is used (or not) and by whom in the face of the contextual idiosyncrasies of each particular political crisis. The IADC proved its worth in the Honduran case, but the OAS hampered and distorted its use through a response that was too little, too late in terms of preventive diplomacy; went too far too soon in terms of punishing Honduras; that went too far too soon in terms of punishing Honduras; and, that suffered from the erosion of international unity following the country's suspension. The article concludes with three recommendations for strengthening the use of the IADC for preventive diplomacy: expand the good offices of the OAS Secretary General, make better use of OAS in-country representatives, and democratize access to the IADC for domestic actors other than heads of state and government.

Abstract

Aunque la Organización de Estados Americanos no logró acabar con el gobierno de facto de Roberto Micheletti, ni restaurar al Presidente Manuel Zelaya después del golpe de Estado del 28 de junio de 2009, los esfuerzos internacionales para defender la democracia en Honduras sí usaron la Carta Democrática Interamericana (CDI) de forma inédita. Este artículo evalúa el papel desempeñado por la CDIA durante la crisis hondureña. Plantea que el principal reto de la CDI tiene que ver con el cómo y por quién la usa tomando en cuenta las idiosincrasias contextuales de cada crisis política en particular. La CDI comprobó su utilidad en el caso hondureño, pero su uso se obstaculizó y se distorsionó por una respuesta de la OEA que fue demasiado poco y demasiado tarde en términos de diplomacia preventiva; a su vez fue demasiado rápido y demasiado lejos en castigar al país; y, cuyos Estados miembros estuvieron demasiado divididos después de la suspensión de Honduras. El artículo concluye con tres recomendaciones para fortalecer a la CDI en cuanto a diplomacia preventiva: expandir los buenos oficios del Secretario General de la OEA; utilizar más a los representantess de dicha organización en los países miembros; y democratizar el acceso a la CDI para otros actores políticos que no sean jefes de Estado o de Gobierno.

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